
Parece mentira que hace sólo un mes estuviéramos en la playa. Yo ya había visto el mar el año pasado pero era muy chiquitina y mis papis me llevaron también este año.

Estaba muy contenta. Hacía una temperatura muy agradable para pasear, para bañarse... Sólo me hacían falta unos cuantos bañadores y vestidos fresquitos, como este que me trajeron mis tíos Rodrigo y Carmen de Capri, y voilà!

El primer día que pisé la playa no sabía muy bien qué hacer. Primero me quedé sentadita unos minutos mirando a mi alrededor...

Hasta que decidí que... ¡Era divertidísimo rebozarme cual croquetilla!

...aunque la opción de cubo y pala tampoco estaba mal... ¿Recordáis que mi madre os contó que me valía un bañador de Gocco talla 3 meses? Pues esta es la prenda en cuestión, acompañada de un gorrito de Zara para protegerme de los intensos rayos de sol.
No sé si sabéis que ya ando perfectamente. En Italia me solté definitivamente y en la playa me entrenaba todo el día. Ahora ya soy toda una corredora de fondo...
Pero creo que lo que más me gustó de estas vacaciones fue la pisci. Y eso que en Madrid también tenemos una pero es demasiado grande y no hago pie. En la de la playa me podía poner de pie, tirarme, nadar... ¡Qué divertido!
Mamá me sacaba del agua cuando empezaba a parecer una pasa de Corinto y yo miraba insistentemente la pisci desde el bordillo hasta que la convencía para volver a meterme (aquí con un conjunto de Pasito a Pasito muy coquetón)
Mi tía Sara nos dio una sorpresa y vino a pasar unos días con nosotros. Me lo pasé pipa con ella. Una noche nos quedamos solas y mis papis aprovecharon para ir al cine de verano.
Mi familia es un poco 'cultureta'. No les vale sólo con sol y playa. Así que hicimos alguna que otra excursión.
Cartagena, con sus edificios modernistas, estaba a un tiro de piedra de casa.
Me impactó su teatro romano recién restaurarado. ¡Me sentía tan pequeñita con esos 22 siglos de Historia bajo mis pies...!
Como me porté genial mis padres me invitaron a un helado. ¡Mi primer helado! Ya sabréis que tengo alergia a la proteína de la leche y me es muy complicado encontrar helados que pueda tomar. Pero allí en Cartagena había una heladería (italiana, por cierto) con productos naturales y sin leche añadida. Cuando lo probé me asusté mucho y me puse a llorar. ¡Me podían haber avisado de que iba a estar tan frío! Pero luego le cogí el gustillo y me lo comí enterito.
¿Creíais que no es posible quedarse dormido de pie? Así me quedé yo al llegar a Madrid después de mis vacaciones. Estaba agotadita...

Ahora sí que puedo decir: adiós, verano, adiós.



