
Aquí 'la' tenéis... En agosto nacerá lo que parece casi seguro será mi segunda niña y nunca habría pensado que la elección del nombre podría ser tan difícil. Con Carlota lo tuvimos fácil: hubo consenso desde el principio y no se habló más. Pero esta vez… ¡Ay, esta vez! El padre de la criatura y yo queremos un nombre que nos guste, un nombre que quede bien con el apellido, un nombre no demasiado visto pero que a la vez no peque de extravagante. Además debe funcionar bien tanto en italiano como en español, bien sea un nombre internacional, uno italiano, uno español que se pronuncie fácilmente en Italia… Por poneros un caso, a mí me gusta Jimena –así se llama mi hermana- pero en italiano lo pronuncian “Himen” ¡Como que no! Luego, a mí me gusta que el nombre tenga un significado bonito, orígenes antiguos y, por supuesto, bonita sonoridad, que no sea el nombre de moda y que no se repita en la familia ni cinco veces en la clase. Tampoco me gusta que marque un mal augurio desde que nace. Por ejemplo, nunca le pondría a una niña Dolores (o Lola), Angustias, ni nada parecido… Esto puede parecer fácil pero hay nombres que me encantan con un significado poco afortunado (como Claudia: la coja)
Cuando ya tienes varios encima de la mesa empiezas a decírselo a parientes, amigos, colegas… Craso pero inevitable error. Ellos insisten: “¿qué nombre habéis elegido?” Y cuando te quieres dar cuenta, ves que el nombre que más te gustaba no goza del aprobado por parte de muchos. Y cuando estos son los padres o los suegros... empiezan los problemas. Lo normal sería pensar sólo en lo que a uno le gusta pero soy de las que creen que, en parte, hay que tener en cuenta las opiniones para no pasarse de la raya o poner un nombre ridículo…
LOS NOMBRES SON COMO LOS PERFUMES, SIEMPRE RECUERDAN A ALGUIEN. Y para colmo, la gente odia, y mucho. Sucede hasta en las personas más racionales: cuando se habla de nombres, a todos nos sale la vena impulsiva. Que si “todas las que conozco con ese nombre son bobas”, que si “es que a mí me recuerda a una niña de la guardería que me pegaba”, que si “ufff, a mí ese nombre me recuerda al profesor más capullo de mi cole”… Así que, sin comerlo ni beberlo, se van descartando algunos. Martina, por ejemplo, es un nombre que me gusta pero no logro desvincularlo en mi mente de una señora de 100 años, porque así se llamaba una tía-abuela mía. Descartado también.
TENER CÓNYUGE EXTRANJERO ES UN LÍO. Sí, porque hasta los nombres “internacionales” adquieren distintos matices según el país donde se usen. Por poneros un ejemplo, si era niño, a mí me gustaban: ALEJANDRO, BRUNO, HUGO Y MAURO -este último es mi favorito- Pero los italianos nos decían que ni se nos ocurriera ponerle Bruno ni Hugo porque en Italia tienen connotaciones como del último de la clase, el pringao, y no sé qué otras cosas más… Pues no es plan de cargarle con una etiqueta así toda la vida, ¿no?
CUIDADÍN CON LOS NOMBRES DE LOS EX. Este es el momento en el que agradeceréis no haber tenido demasiados ex en la vida. En caso contrario descubriréis que no hay tantos nombres como creíais. Otra cosa que os sorprenderá será la memoria de vuestra pareja. ¿Que le dijiste que en la universidad te gustaba un tal Eduardo? Fuera directamente de la lista. ¿Para qué andarse con chiquitas?
UN NOMBRE, UN TRABAJO. Lo creáis o no, el nombre que llevamos incide sobre nuestro futuro. Os parece una locura, ¿verdad? Vale, según vosotros, ¿Nina será artista o contable? ¿Manolo será taxista o editor de moda? ¿Lo véis? El nombre influye sobre el futuro aunque siempre puede acabar una Jeniffer como alta ejecutiva, ¡faltaría más! O un Bosco en un Burger King. Otra cosa es que todo el mundo se extrañe toda la vida de su nombre...
A VECES LA SOLUCIÓN PASA POR ESPERAR A QUE NAZCA. Porque, ¿cómo llamar Clara a una niña más oscura que el tizón, o Linda a una más fea que un pecado?
MEJOR LOS NOMBRES SIN POSIBILIDAD DE DIMINUTIVO. ¿Para qué comerse la cabeza si luego a tu hija Cayetana la van a llamar “Calle”? Para eso la llamo directamente “plazoleta” o “fuente”, ¿no? Por eso me gustan los nombres cortos, sin posibilidad de diminutivo o al menos cuyo diminutivo sea bonito, como Álex. Esto me trae no pocos problemas. Un ejemplo, Cecilia. En español ni siquiera me disgusta el diminutivo Ceci pero… ¿sabéis lo que significa en italiano? ¡Garbanzos!
En fin, dicho todo lo cual, os cuento los nombres que tenemos encima de la mesa para que nos echéis un cable, critiquéis o lo que os dé la gana.
Si al final fuera niño, creo que lo tenemos bastante claro: ALEJANDRO o MAURO
Si es niña, como parece:
TIZIANA: nos gusta, es antiguo, tiene fuerza, suena bonito, está poco visto, existe en ambos países y de momento ha gustado a amigos y familiares. Suena genial junto al apellido. Sólo una pega: en español no tiene fácil diminutivo pero en italiano, al parecer, las llaman “Titi” ¡Y eso me espanta! Pero como las amiguitas las tendrá aquí, asunto bastante resuelto.
INÉS: es un clásico, siempre me ha gustado. Aunque es un nombre español se usa también en italiano con el acento en la i. El problema, allí suena a abuelita de 100 años. Otra pega, junto al primer apellido, si se dice rápido, parece el nombre del famoso futbolista del Barca que marcó el gol de la Copa del Mundo.
CHLOE: nombre griego, con bonito significado, a mis suegros les gusta, a mis padres, no. Pegas: ¿demasiado de moda ahora? Tendría que deletrearlo toda la vida y quizá quede un poco como de padres “guays”, ¿no?
ARIADNE: es el preferido de mi marido. A mí me gusta. También es griego, suena muy bien pero temo que acabe convirtiéndose en Ari. No gusta a ninguna de las dos familias.
GADEA: a mí me chifla. Nombre castellano pero de fácil pronunciación en Italia (allí el equivalente es AGATA -pero Ágata no me gusta-) bonito significado, preciosa sonoridad… Yo se lo pondría sin dudarlo pero tiene muchos enemigos -entre ellos, mis suegros- y eso me echa un poco para atrás. En mi familia gusta muchísimo también.
Así que, a falta de que se nos ocurran otros nombres, creo que acabará siendo Tiziana o Inés. Me encantaría saber vuestra opinión sobre todos estos nombres y que nos deis más ideas, porque nunca se sabe…
¡Gracias!